La
respiración se te acelera (¿Justo hoy? voy hecha un cuadro), tu
corazón parece un metrónomo descompasado incluso puedes oír tus
propios latidos, (Relájate, se te nota demasiado) tus manos sudan,
tartamudeas, (Definitivamente va ha pensar que soy idiota) tus
pupilas se dilatan, la boca se te seca, sientes nauseas, vértigo...
Hoy es un
día diferente a los demás, y es que él te ha hablado, se ha
acercado a preguntarte si sabes cuando hay que entregar el trabajo de
Bioquímica. En cuanto se gira, repasas mentalmente cada segundo de
la conversación de cuatro frases que acabas de mantener.
¿Y quien no ha
pasado por esto alguna vez? ¿Es esto amor? ¿Es esto enamoramiento?
Francesco
Alberoni en uno de sus libros dice que: “El enamoramiento no es
una simple pasión, es un proceso social en el que dos individuos se
distancian de los afectos precedentes y forman una nueva y ardiente
comunidad amorosa. Viven una experiencia de renacimiento, una
explosión de creatividad. Sus historias y sus sueños se entrelazan
y fusionan, llegando a crear un proyecto de vida en común, el
verdadero enamoramiento es completamente distinto y sólo cuando se
comprende su naturaleza real se encuentra el camino hacia un amor
profundo y duradero.”
Pero,
¿dónde entra aquí el sexo? Concibo el sexo como la manifestación
ultima del amor y de la más absoluta confianza entre dos personas.
Como todo es muy probable que mi concepción del sexo sea fruto de la
educación que he recibido en mi familia. Y tras tiempo de reflexión
creo que la gente de mi generación esta viviendo un fenómeno del
que es muy probable que no se esté percatando. Debido al bombardeo
masivo de sexo implícito (y a veces explícito) de la publicidad y
los programas de TV como Gandía
Shore, Hombres Mujeres y Viceversa o Quien quiere casarse con mi
hijo; estamos acostumbrándonos a el
sexo. Y al acostumbrarnos a él lo estamos devaluando. Sé que estas
palabras son fáciles de malinterpretar, soy una chica acorde a mi
época, tolerante y abierta de mente. Pero me siento espectadora de
un fenómeno que por extensión esta afectando también a la manera
que vivimos y concebimos el amor. Y por allí, ya no paso.
Ha
surgido un nuevo concepto de pareja, por llamarlo de alguna manera,
que son los amigos con derecho a
roce, por si alguien no esta al
tanto son esos amigos, con
los que pasas mucho tiempo, sientes cierta conexión, compartís
aficiones, encuentras atractivo y que alguna noche en la que llevas
una copita de mas te acuestas con él. En ningún momento ninguno de
los dos puede pedir explicaciones al otro porque no sois una pareja.
Y este es el punto donde yo (una chica que me considero con una buena
educación y que ha pasado su infancia engullendo películas de
Disney) me pierdo y fundamento la tesis de este ensayo: chicas, el
genero masculino al completo nos ha timado.
Muchas
de nosotras, tendremos alguna historia relacionada con este concepto
de amigos con derecho a roce
o tendremos una amiga que la ha tenido o la tiene actualmente. Pero
si somos un poco sinceras con nosotras mismas, ¿no veis la
diferencia emocional entre hombres y mujeres en este aspecto? Y creo
que con todo el movimiento de igualdad entre hombres y mujeres,
estamos inconscientemente actuando como actúan los hombres cuando no
somos ni por asomo como ellos (gracias a Dios) y además de esto sin
dejar de ser mujeres. Ahora se le insta a la mujer a incorporarse al
mundo laboral, pero además de ello también se hace cargo de las
tareas propias del hogar, somos un dos por uno. Encuentro cierto
paralelismo de este dos por uno con lo que antes exponía sobre estos
amigos con derecho a roce,
las mujeres no sentimos así, no somos así. Si somos honestas y nos
dejamos de todo el discurso de: somos fuertes, podemos vivir la
sexualidad como los hombres, podemos ser profesionales de éxito
cuidar se nuestra casa nosotras solas, y mantenernos delgadas etc. Recuperaremos la esencia que nunca se debió perder del amor y el
sexo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario