martes, 20 de noviembre de 2012

Carencias


 Negar que vivimos en una sociedad consumista seria absurdo. Mas absurdo aún sería negar que en menor o mayor medida experimentamos placer comprando cosas. Yo lo hago.
Gastarme el dinero en cosas no me preocupa, soy de la opinión de que el dinero está para eso: para gastarlo. Lo que sí me parece preocupante es que el trasfondo del consumismo sea intentar llenar carencias más profundas.

Por ejemplo, cuando nos invitan a una fiesta (y mas aún si sabemos que va a estar ahí ese chico) con semanas de antelación, nos pasamos las tardes buscando el vestido, los zapatos y el bolso perfectos. ¿Para qué? Pensamos que si conseguimos el look perfecto, sea cual sea su precio, triunfaremos.
Estamos poniendo todo nuestro esfuerzo en conseguir cosas materiales, pensando que a través de ellas conseguiremos lo que en realidad nos importa que son cosas espirituales.
Otro ejemplo claro, son las nuevas tecnologías. En una de las clases de Claves del Pensamiento Actual, una compañera dijo algo en lo que llevo reflexionando mucho tiempo: el éxito de las redes sociales (Facebook, Twitter, Whatsapp, Skype etc.) es que sacia nuestro egocentrismo, y en definitiva esa necesidad infantil de sentirnos necesitados constantemente. A esta reflexión me atrevería a añadir que lo que en realidad nos engancha de las redes sociales, cómo puede ser el caso de Facebook, es que nos da la opción de exhibirnos. Nos encanta exhibirnos: ¿Por qué nos preocupa tanto salir bien en las fotos? ¿Por qué queremos compartir con todos nuestros contactos las últimas fotos de nuestro viaje con tanta prisa (en las que por supuesto si tenemos la suerte de lucir bien en bikini más aún)?

En el libro “Invitación a pensar” de Jaime Nubiola, se habla de Ikea y de su afán porque ordenes tu vida proporcionándote mil y una maneras de hacerlo con ayuda de sus armarios o de la ilusión de los recién casados de ojear el catalogo fantaseando de como van a decorar su nueva casa, en definitiva su nuevo proyecto de vida en común.
Un día mi padre me dijo -Hija, Ikea aunque parezca lo contrario fomenta el divorcio y enfadarte con cualquier miembro de tu familia que te acompañe a comprar algo.
Esta frase tiene mas miga de lo que en un principio puede parecer, todos podemos imaginarnos perfectamente cómo, pongamos por ejemplo una pareja de recién casados, deciden ir a comprar los muebles a Ikea con una meticulosa lista donde detallan lo que necesitan.
En el segundo pasillo comienzan a discutir, y la pelea acaba tan mal que deciden irse de la nave industrial sin comprar nada. A ambos cónyuges, les da la impresión que aunque la discusión versase sobre si comprar la estantería Mälm o la Shöjer en el fondo estaban discutiendo de algo mas profundo, de algo sentimental.

En conclusión, la tesis que defiendo es que si nos detenemos a analizar cualquier caso de consumismo actual es fácil comprobar que aspira inutilmente a saciar las carencias del alma.

Me atrevería a decir incluso que acalla esa vocecita interior que a veces nos dice que algo no va bien dentro de nosotros. Ser conscientes de esto me parece un gran paso y en la medida en que nos escuchemos a nosotros mismos e intentemos comprendernos, nuestra necesidad consumista menguará. Como reza un viejo proverbio americano "Best things in life come free to us".

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